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‘Maquis’ recrea la vida de las mujeres de la guerrilla en la posguerra

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ElSaltodiario Per Julián Vadillo

Rubén Buren debuta en el largometraje con Maquis, una película con la que pretende retratar “el silencio al que la sociedad somete a las mujeres, anulándolas, negándolas, haciéndolas no existir”. Hoy, 28 de agosto, llega a la plataforma Filmin.

Los partisanos y luchadores contra el fascismo en la Europa de la Segunda Guerra Mundial son tratados como héroes en muchos países. En España los maquis son tratados como bandidos por una parte de la historia o condenados al ostracismo. Muchos habrán oído historias de estos guerrilleros, muchas veces bajo un manto de lugares comunes o de deformaciones que durante los años del franquismo se fueron inoculando. No eran partisanos, no eran guerrilleros, no eran luchadores por un mundo distinto que se había hundido con la derrota de la República en 1939 y el abandono de las potencias aliadas durante la Segunda Guerra Mundial. Eran bandidos o bandoleros, que se dedicaban al crimen auspiciados por las organizaciones que habían salido derrotadas de la contienda civil.

Demasiados lugares comunes para un tema que no se ve en las historias de España de Segundo de Bachillerato y apenas pasa de puntillas en los temarios de historia de las universidades. Y eso que, a lo largo de los años, han ido apareciendo distintos trabajos, ya sea monografías históricas, documentales o novelas, en los que el maquis ha sido tema de estudio.

Destaquemos, por ejemplo, algunos libros. Julio Aróstegui y Jorge Marco editaron un interesante volumen con el título El último frente. La resistencia armada antifranquista, 1939-1952. No pueden pasar desapercibidos los trabajos de Secundino Serrano, destacando su Maquis. Historia de la guerrilla antifranquista. Como trabajo aproximativo y muy sencillo de leer destacar también la obra de Dolors Marín Clandestinos. El maquis contra el franquismo. A obras de carácter general hay que unir obras centradas en lugares concretos: Toledo, Euskadi, Asturias, el Valle de Arán, etc. Alguna obra, como a la de Francisco Collado Cerveró con el título Los del monte. Historia del maquis, que analiza el fenómeno de una forma divulgativa y didáctica, pensado para alumnos de secundaria y bachillerato.

En el cine, el maquis ha sido trabajado en menor medida. A nivel de documentales destacaríamos el de Alfonso Domingo, Los maquis en España, o el de Javier Corcuera, La guerrilla de memoria. En ficción existen filmes como Silencio roto, de Montxo Armendáriz, El corazón del bosque, de Manuel Gutiérrez Aragón, o Luna de lobos de Julio Sánchez Valdés, basada en la novela homónima de Julio Llamazares. Son solo algunos ejemplo pero no son muchas las películas que abordan estas cuestiones.

El largometraje Maquis, dirigido por Rubén Buren que hoy se estrena en Filmin, trata una cuestión menos abordada, el protagonismo de las mujeres en este acontecimiento, ya que habla de las mujeres de los maquis en un entorno donde la derrota de 1939 pesa mucho. Quizá esta película ha tenido como reflejo la obra de Ana Ramírez Cañil La mujer del maquis o, en menor medida, el protagonismo femenino que tuvo el filme de Peter Sehr y Marie Nöelle La mujer del anarquista.

Pero este primer largo de Rubén Buren es peculiar y merece la pena acercarse a él. Buren no es un cualquiera en esto del trabajo de documentación. Dramaturgo y escritor, bisnieto del anarquista Melchor Rodríguez, tiene un amplio bagaje en obras de teatro sobre temática histórica y con la Guerra Civil y sus consecuencias como telón de fondo. Partiendo de su obra de teatro sobre esta temática, Buren ha confeccionado y dirigido una película donde los maquis son el telón de fondo, pero el protagonismo lo tiene la persecución que sufrieron las mujeres de aquellos guerrilleros que intentaron cambiar, infructuosamente, el curso de la historia.

¿Por qué una película sobre esta temática?

Ahora que las posturas políticas se están radicalizando entre mitos y leyendas de lo que fue el siglo XX, en esta época de posverdad en la que pretendemos reescribir la historia, silenciando la memoria de nuestras abuelas, esta película es más necesaria que nunca. Ellas han sido las perdedoras de los perdedores, pero no olvidemos que también fueron las perdedoras de los vencedores. Hablamos de 1949, preguntemos por la calle, a esos que van gritando, si conocen el Valle de Arán, la AGLA, Quico Sabaté o Juanín, la guerrilla del maquis o los muertos silenciados de la Guardia Civil y el ejército a manos de la guerrilla… Este país es raro, preferimos aprender inglés y ver películas edulcoradas y manipuladas sobre la historia anglosajona que revisar de dónde venimos nosotros.

Ya tenías una obra de teatro con el mismo título y la misma temática, ¿qué le debe la película a la obra dramática?

Mucho, llevo desde el 2005 investigando el maquis, comencé por el teatro mezclando con los conflictos del llano —mujeres y enlaces— y los del monte —guerrilleros armados—. He tenido suerte y la obra se ha movido mucho, se ha traducido a varios idiomas y se ha ido estrenando en el circuito independiente y universitario de varios países. La versión solo de mujeres la estrené en Buenos Aires en 2007, fue interesante cómo el público enlazó enseguida el conflicto con su terrorífica dictadura y el recuerdo de sus madres. Recuerdo una mujer que me abrazó llorando, diciendo “tantas veces he visto así a mi madre”. Siempre tuve en mente hacer la trilogía: teatro, la película y la novela que estoy terminando con la que cerraré el tema, creo. Le debe mucho, pero he intentado que tenga su propio lenguaje, de hecho reescribí el guión y tiene más que ver con la novela que con la obra teatral.

En la película todos los personajes son femeninos, ¿cuál es la razón?
Fue Emma Goldman quien me inoculó el problema cuando la leí con 15 años. ¿Quiénes son las olvidadas de los olvidados? Quizá sea este XXI el siglo en el que consigamos resituar a la mujer y sacar del anonimato sus vivencias en la historia. Es fácil estar en el monte con granadas y ametralladoras, pero el conflicto teatral, el difícil de verdad, es sostener a tus hijos y maridos en el monte mientras convives con las mujeres de los otros y te torturan en los cuartelillos. En los pueblos y en las ciudades se creó una red de apoyo, de silencio, de realidades de mentira que sentaron las bases de nuestra sociedad actual. Cuesta mucho inocular el miedo, y Franco lo hizo muy bien. Una sociedad que crea en el progreso debe ser feminista, que no es más que construir la igualdad de derechos y deberes de todos.

La posguerra fue difícil. Mas todavía si eras de los derrotados. Y mucho más si eras de los derrotados y mujer. ¿Habéis encontrado testimonios de la época que os hablaran de lo sucedido? ¿Cómo os habéis documentado para la película?
Se conjugan dos factores: yo fui cantautor de la generación de los 90, actué para muchas asociaciones de izquierdas, de memoria, incluso varias veces para las Madres de mayo. Allí fui conociendo los testimonios de muchas personas que habían sufrido represión, torturas, muchos que habían vuelto de Francia en aquellos años después del exilio. Después conocí al biógrafo de mi abuelo Melchor, Alfonso Domingo, que es experto en el maquis, él me puso en contacto con el mundo de la guerrilla y compartimos muchas botellas de vino hablando de historia. Es un tipo sabio. Me impresionó mucho Amada, una mujer que se había echado al monte con sus hermanas y sufrió lo indecible. Adela, el personaje de la película, tiene mucho de ella.

Ya en pleno rodaje, las vecinas del pueblo de Luzón un día comenzaron a contarnos muchas cosas que guardaban casi como secretos de familia, de sus madres y abuelas que habían vivido la guerrilla y la posguerra, algunas historias de familias de derechas y otras de familias de izquierdas. Todas tenían una cosa en común: el sufrimiento de la mujer. Como decía Eduardo de Guzmán en sus memorias, Franco y la Falange diseñaron un plan para que los perdedores lo fueran de por vida.

¿Por qué se elige como escenario un pueblo y no una ciudad? ¿Fue la vida en las pequeñas poblaciones más complicada que en las grandes urbes?

La convivencia en los pueblos fue mucho más dura, en las ciudades se tiende al anonimato y es más fácil diluirse. La guerrilla vivía cerca de sus familiares, sin ellos no hubiera podido subsistir. Franco crea las escuelas antiguerrilleras de la Guardia Civil a partir del 44, tras la incursión en el Valle de Arán de un verdadero cuerpo de ejército republicano. Hasta entonces la guerrilla se había limitado casi a sobrevivir, otros habían ido a Francia a luchar contra los nazis. Por cierto, da gusto ver las estatuas y homenajes a los maquis españoles en Francia. Pero a partir del 44 podemos hablar de un contingente de varios miles de maquis que realizan acciones armadas en varios frentes y se convierten en un problema serio para la estabilidad del régimen. Los guerrilleros creían que los aliados iban a entrar en España, pero el enemigo de los americanos hacía tiempo que era más Stalin que Hitler. Además, Estados Unidos siempre había apoyado al bando sublevado, no a la República. Los que vinieron de Francia no encontraron apoyo popular, que la gente vivía en el terror y también recordaba lo que había sido la guerra —recordemos el final de nuestra guerra civil con Casado y Negrín—. Las contrapartidas de la Guardia Civil deciden acabar con la red apoyo del llano, y tortura, viola y aniquila a mujeres, madres, hermanas e hijos de los guerrilleros. Eso sí que fue una guerra sucia. El final de los maquis fue terrible en la mayoría de los casos. Otros consiguieron llegar al exilio.

¿Qué dificultades habéis encontrado a la hora de hacer esta película?

No soy mucho de quejarme, soy más de hacer. Llevo muchos años dedicado al teatro, a la música y al humor como para caer en el desánimo. Eso lo aprendí en la segunda gira por España que hice con 21 años, el “partido a partido” de nuestro Atleti. Lo importante es que la hemos sacado adelante, que nos hemos puesto la camiseta y no nos han importado las derrotas. Ha sido un proceso visceral, donde todos y todas han aportado más de lo necesario. De hecho ya somos familia más que equipo. Te cuento una anécdota: el guión ya lo tenía hace años, pero como tenía un duro, me moví cual lagartija buscando localizaciones, cada vez que me daban permiso en un museo, en una casa o en una iglesia, cambiaba el guión y lo adaptaba. Ha sido un ejercicio de escritura de neurocirujano, pero me lo he pasado en grande. 

Estamos en una época donde la enseñanza de la memoria histórica debería ser un eje importante. ¿Qué enseñanzas podemos sacar de una película de estas características?

Moderación, mucha moderación. Hay que cambiar el lenguaje con el que nos denominamos, que pertenece al siglo XX. El lenguaje hace el pensamiento y los términos están obsoletos. Mi abuela Amapola se reía siempre y me decía: “Tú no eres anarquista, eres un burgués”, y me costó mucho entenderla. Tenía toda la razón. Si Alemania juzgó a sus nazis, ¿por qué no podemos cerrar nuestro capítulo nosotros? Ni revanchas intentando reescribir la historia como proponen unos, ni mitos y leyendas como proponen otros. Es sencillo: recordar para olvidar.

Pero no es una película solo de historia, no es sobre la guerra civil, es sobre nuestras abuelas, sobre el silencio al que la sociedad somete a las mujeres, anulándolas, negándolas, haciéndolas no existir. Si la película propone un debate en las casas o las escuelas ya estoy servido. Es triste vivir en un país con fosas sin abrir. Desenterremos a los muertos, démosles sepultura, condenemos a los torturadores, reparación de la memoria y miremos para adelante juntos. El pasado no se puede cambiar. De hecho, hay una parte de la izquierda que está convencida de que ninguna víctima fue victimaria y eso no es verdad. Vengo de una familia donde se salvaba de la muerte a los enemigos políticos porque los mataban como a perros, que no me digan que hay muchos santos que no me lo creo.

¿Algún nuevo trabajo a la vista por el que tengamos que estar atentos a Rubén Buren y su equipo?

Maquis es una película hecha con el corazón, en la que hemos puesto mucho esfuerzo y muchas horas. Hemos demostrado que se puede hacer aunque todo te diga que no. Y como nos ha gustado esto del cine, parece que vamos a seguir. Tengo varias obras de teatro y novelas que quiero adaptar a largos. La siguiente, cómo no, es la historia de El Ángel Rojo para cerrar también la trilogía de teatro, novela y largometraje. Ya estamos con la preproducción. Quizá haga eso con varias… Después llegará Vallejo Nájera y las mujeres en las cárceles; un musical sobre la vuelta de Fernando VII y la Inquisición a principios del XIX; o la historia de Durruti, Ascaso y García Oliver… Mientras sigo investigando otros temas. Pero, primero, a ver qué os parece Maquis.

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