Dv. juny 5th, 2020

CGT

ALT CAMP CONCA DE BARBERÀ SINDICAT D'ACTIVITATS DIVERSES

La pandemia acelera el cambio de época y el fin de la era de globalización neoliberal

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Detrás del ciclo de prosperidad, comenzará una nueva crisis;
Las fantasias de un futuro mejor terminarán desvaneciéndose;
Los centros de poder nos condenarán recogiendo la cosecha de años;
Los financieros del mundo occidental han marcado nuestro destino.

COLAPSO SOCIAL, DESASTRE CAPITALISTA
CIEGOS GUIADOS POR ELLOS AL PRECIPICIO

Resurgirá un fascismo brutal, buscando chivos expiatorios;
Señalarán a la inmigración, canalizando el descontento obrero;
Van a buscar la forma de acusar a todo aquél que se enfrente a sus tesis;
Pero ésta vez estamos preparados, Con las armas en nuestras manos.

Colpaso social – Núcleo Terco

Público Per Carlos Enrique Bayo

El rescate masivo de empresas, la estatalización de la economía para hacer frente a los gastos y pérdidas causados por el coronavirus, y el cierre de mercados y de fronteras en la mayor parte de países, anticipan “el fin de la forma de globalización recetada por el dogma neoliberal, que dejó a los individuos y a sociedades enteras incapaces de controlar gran parte de su propio destino”, según la describe Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía.

“Durante los últimos 40 años, las élites de países ricos y pobres prometieron que las políticas neoliberales conducirían a un crecimiento acelerado y que los beneficios se filtrarían hacia abajo para que todos pudieran prosperar”. Así empieza el esclarecedor artículo que Joseph Stiglitz publicó el pasado 26 de noviembre en Social Europe, titulado: El fin del neoliberalismo y el renacimiento de la Historia.

Lo del “renacimiento de la Historia” se explica de inmediato:

Al final de la Guerra Fría, el politólogo Francis Fukuyama escribió el celebrado ensayo ¿El fin de la Historia? El colapso del comunismo, aducía, levantaría el último obstáculo que separaba al mundo entero de su destino de democracia liberal y de economías de mercado. Muchos estuvieron de acuerdo”.

“Hoy, cuando afrontamos la retirada del orden global liberal, basado en normas, con gobernantes autocráticos y demagogos dirigiendo países que contienen a bastante más de la mitad de la población mundial, la idea de Fukuyama parece pintoresca e ingenua. Pero reforzó la doctrina económica neoliberal que ha prevalecido durante los últimos 40 años”.

“La credibilidad de la fe del neoliberalismo en los mercados sin restricciones como vía más segura hacia la prosperidad común está actualmente en cuidados intensivos. Y así debe ser. El declive simultáneo de confianza en el neoliberalismo y en la democracia no es una coincidencia ni una mera correlación. El neoliberalismo ha estado socavando la democracia desde hace 40 años”.

Todo indica que con el coronavirus se está precipitando el principio del fin de esa larga era en la que “la forma de globalización recetada por el dogma neoliberal dejó a los individuos y a sociedades enteras incapaces de controlar gran parte de su propio destino“.

El augurio de Stiglitz estaba ya entonces más que fundamentado –sobre todo, ante el proteccionismo a ultranza que imprime el presidente de EEUU, Donald Trump, a la gran superpotencia económica mundial–, pero tras el estallido de la pandemia planetaria del Covid-19 se refuerzan las señales de que esa globalización neoliberal toca a su fin, en un nuevo mundo de ciudadanos confinados, fronteras cerradas e insolidaridad comercial.

La ausencia de virtudes solidarias de esa doctrina neoliberal quedó evidenciada hace sólo unos días, cuando los gobiernos de Alemania y de Francia prohibieron la exportación de mascarillas y otros elementos básicos de protección sanitaria a Italia, en el momento en que ese país estaba desbordado por cientos de muertes y miles de contagiados diarios. La respuesta inicial de la Unión Europea fue a todas luces tardía e insuficiente, pero incluso ahora –cuando la mortífera amenaza se ha extendido sin remedio a todos los países miembros– se ve constreñida y entorpecida por el corsé que esa doctrina neoliberal impuso a todos los gobiernos para cumplir el dogma del déficit mínimo.

Alemania sigue imponiendo un dogma que sabe que es falso

Un dogma que Alemania sigue imponiendo a sus socios comunitarios, exigiéndoles condiciones draconianas para cualquier endeudamiento público, a pesar de que fue desmontado en 2013 por un estudiante de doctorado de la Universidad de Massachusetts Amherst, Thomas Herndon, al repasar las hojas de cálculo que emplearon los gurús de la austeridad, Carmen Reinhart y Ken Rogoff –este último, ex economista-jefe del Fondo Monetario Internacional–, para su investigación titulada El crecimiento en épocas de deuda.

Presentado en 2010 ante la conferencia anual de la Asociación Económica Estadounidense, ese ensayo académico establecía que cuando la deuda de un país supera el 90% del Producto Interior Bruto (PIB), el crecimiento de la economía es inviable. Tesis desmentida en la práctica por la realidad de la deuda pública de EEUU –que en noviembre pasado alcanzó el récord histórico de 23 billones de dólares (un 110% del PIB)– pero en la que las autoridades económicas a ambos lados del Atlántico se han apoyado durante una década para imponer la austeridad fiscal y el recorte drástico, incluso dañino y paralizante, del gasto público.

Y lo han seguido haciendo estos últimos siete años, a sabiendas de que los cálculos de esa teoría estaban matemáticamente errados y que no se trataba en absoluto de un principio económico fundamental, sino de una tesis dogmática neoliberal que ha permitido a los países del norte de Europa –sobre todo, Alemania– “disimular que todo el entramado del euro está pensado y diseñado para que esos países absorban la mayor parte del valor y los beneficios que generamos los demás”, como sentencia Juan Torres López, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla.

Ahora, con el coronavirus, toda esa construcción ficticia de la supuesta prosperidad global que nos tenía que traer la globalización neoliberal se ha desmoronado y “hasta el presidente francés Macron mencionó en su discurso sobre la pandemia que uno de los mayores problemas que heredamos de la globalización es que nos ha obligado a mantener una enorme dependencia en el suministro de bienes y servicios básicos”, explica a este diario el profesor Torres.

“Hasta tal punto ha llegado esa dependencia exterior”, continúa Torres, que EEUU compra a China el 80% de las medicinas que consume… lo reconocen las propias autoridades norteamericanas. Una situación en la que cualquier país está vendido y que puede llevar al colapso, porque si sucede cualquier cosa con el suministrador, ese país se queda colgado”.

“Eso nos obliga a reindustrializar y a rediseñar el aparato productivo de cada país, porque no es lo mismo poder confiar en que vas a recibir los suministros de fuera que tener que producirlos uno mismo. Así que el coronavirus está actuando como catalizador de los cambios que ya estaban en marcha. Immanuel Wallerstein ya advirtió de este tipo de fenómenos y avisó que podía desembocar en un caos generalizado. Porque gobernar la desglobalización es un problemón y esto puede dar lugar a peligrosos conflictos internacionales”, advierte el catedrático.

“El problema es que nos va a pillar con una deuda astronómica, porque parece que lo único que saben hacer es darles más negocio a los bancos. En estos diez últimos años de salida de la crisis la deuda mundial ha aumentado en 70 billones de euros. Si eso ocurre en etapa de crecimiento, cuando salgamos de esto la deuda acumulada será inasumible, porque los 2,2 billones que ha anunciado EEUU son deuda, las inyecciones de cientos de miles de millones de la UE son también deuda… Y lo que no se puede es seguir pagando intereses sobre nuevos créditos”, subraya Torres.

“Pero la cosa va a ponerse complicada porque los alemanes no están por la labor”, concluye el profesor de Economía Aplicada, recordando que el Gobierno de Alemania se ha negado a permitir la emisión de eurobonos para asumir solidariamente los inmensos gastos y pérdidas por la pandemia, algo que había sugerido The Wall Street Journal. “Recurrir, en una catástrofe de esta magnitud, al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) es mezquino, ya que convierte a los países que lo reciben en rescatados, como si hubieran fracasado por mala gestión económica, renunciando a los principios de cooperación y de solidaridad, y ni siquiera puede proporcionar toda la financiación necesaria”.

El MEDE obligaría a España a volver a la política de recortes

No sólo eso, sino que además “obligaría a España a aplicar de nuevo las políticas de recortes y desmantelamiento que son justamente las que han ocasionado que nuestros servicios públicos tengan ahora tantas dificultades para enfrentarse a la emergencia sanitaria“.

Algo en lo que está plenamente de acuerdo el economista, diplomático y eurodiputado Ernest Urtasun, quien señala a Público que “la respuesta de Bruselas a la emergencia del coronavirus es súper timorata. En la Eurocámara estamos votando ahora la activación de algunos fondos estructurales, pero son cantidades muy pequeñas, mientras que en el Consejo Europeo los alemanes se oponen a los eurobonos –a pesar de la carta de ocho primeros ministros solicitándolos– y a lo único que acceden es a una línea de crédito MEDE”.

“Eso no vale nada”, insiste Urtasun, “porque, además, parecía que iban a abrirla sin condicionalidad, no como los rescates anteriores que se daban bajo condiciones de recortes y demás medidas de austeridad, pero los holandeses están apretando para que sí tenga condicionalidad. A nivel europeo, la reacción frente a la pandemia es una catástrofe, con el Eurogrupo totalmente paralizado”.

“Lo único importante”, sigue explicando a este diario Urtasun –vicepresidente en la Eurocámara del Grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea– “es el programa de compra de bonos del Banco Central Europeo, porque al final si España necesita endeudarse –y va a ir a un déficit este año superior a los 10 puntos y a 10 o 20 puntos más de deuda pública–, con ese apoyo del BCE se puede endeudar sin que se dispare la prima de riesgo. Pero esto es así porque los alemanes perdieron, ya que Alemania denunció esas medidas del BCE y tampoco querían poner en marcha ni siquiera eso”.

“El BCE tiene prohibido, por los acuerdos de la UE, comprar bonos públicos en el mercado primario” (directamente a los Estados), “pero los compra masivamente en el mercado secundario: cuando España emite deuda, primero la compra un banco y después el BCE va y la recompra. Y eso es lo que mantiene el bono barato”, prosigue este miembro de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo.

“Nosotros estamos pidiendo que el BCE pueda hacer cosas más novedosas, como lo que ahora se llama helicopter money: que el BCE pueda transferir directamente mil euros a cada ciudadano para impulsar el consumo, como una especie de renta básica”, dice Urtasun. “Pero lo cierto es que hay un corsé en los acuerdos de la UE que lo impide, y eso hay que cambiarlo, claro”.

En cualquier caso, este eurodiputado especializado en fiscalidad y finanzas coincide en que esta emergencia “va a forzar la revisión de muchos mantras económicos en Europa. Por ejemplo, el Pacto de Estabilidad ya se lo han tenido que cargar. Lo han suspendido. Porque era totalmente absurdo mantener una disciplina del 3% del déficit cuando ya saben que España o Italia lo van a hacer del 11% o del 12%. Eso es inevitable”.

“Además, el fin de la globalización neoliberal ya había empezado con el mandato de Trump, que enseguida aparcó el famoso TTIP” (siglas inglesas del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones) “de esa agenda globalizadora. Y es que el mundo diseñado por Occidente después de la caída del Muro se está viniendo abajo. Vamos hacia un sistema de relaciones de poder mucho más polarizado, con Rusia y con China, con EEUU en retirada… Y eso tiene un impacto en los sistemas de gobernanza económica”.

“La pandemia acelera el cambio hacia un nuevo orden global”

“Sí, sí, creo que la pandemia está acelerando de una forma tremenda el cambio de época”, responde Urtasun a Público. “Sólo hay que ver a los chinos llevando la voz cantante mundial, a los estadounidenses totalmente fuera de combate y en retirada, a los europeos prácticamente incapaces de dar una respuesta… Sin duda, los cambios que veíamos venir se han acelerado muchísimo y entramos en un orden global completamente nuevo, que ya estaba en construcción con el auge de China, la elección de Trump, que creo que va a salir lamentablemente reelegido… y con el coronavirus esos cambios han tomado una aceleración brutal”.

Vamos a salir de esta pandemia con una economía súper-estatalizada, porque el BCE va a terminar comprando aún más bonos públicos y privados de los que ya tenía, y además vamos hacia un rescate masivo de empresas. Muchas terminarán en manos del Estado, porque una cosa es dar cobertura a los créditos que dé la banca para que no quiebren y otra es lo que ya se está hablando de que Alitalia y Air France pueden terminar nacionalizadas, porque será la única manera de mantenerlas a flote”.

“Así que, con todo ello, vamos a terminar con una economía super-estatalizada y con una intervención de lo público muy potente. Pero sobre todo se está hundiendo también culturalmente el mantra neoliberal. Aparte de que factualmente vamos hacia una economía mucho más intervenida por lo público, culturalmente el discurso neoliberal se está desmoronando”, concluye el economista y eurodiputado. “Todo el mundo habla ahora de los recortes que hicieron en Sanidad, que esta forma de gestión económica no es viable… Existe ahora una corriente de impugnación cultural del neoliberalismo que está calando mucho en la gente”.

Y esto es así porque, como constata el premio Nobel Stiglitz, con la globalización neoliberal, “los efectos de la liberalización de los mercados de capitales fueron especialmente odiosos: si un candidato presidencial iba en cabeza en una nación emergente y perdía el favor de Wall Street, los bancos retiraban el dinero de ese país. Los votantes tenían entonces una elección difícil: rendirse a Wall Street o hacer frente a una grave crisis financiera. Era como si Wall Street tuviera más poder político que los ciudadanos de cualquier país“.

“Incluso en los países ricos, a los ciudadanos corrientes se les decía: ‘No podéis poner en práctica la política que queráis –sea una protección social adecuada, salarios dignos, fiscalidad equitativa o un sistema financiero bien regulado– porque el país perderá competitividad, el empleo desaparecerá y sufriréis”, prosigue Stiglitz en su síntesis del fracaso neoliberal.

“Tanto en los países pobres como en los ricos, las élites prometían que las políticas neoliberales proporcionarían un mayor crecimiento económico, y que sus beneficios gotearían hacia abajo para que todos, incluso los más pobres, mejorasen su situación. Para lograrlo, sin embargo, los trabajadores tendrían que aceptar salarios más bajos y todos los ciudadanos deberían asumir recortes en importantes programas gubernamentales”.

Las élites proclamaban que sus promesas estaban basadas en modelos económicos científicos y en “investigación empírica”. Pues bien, después de 40 años, ya tenemos los números: el crecimiento se ha frenado y los frutos del crecimiento cayeron abrumadoramente en manos de los muy pocos que están arriba de todo. Mientras los salarios se estancaban y las bolsas se disparaban, los ingresos y la riqueza fluyeron hacia arriba, en vez de gotear hacia abajo”.

“Los ciudadanos tienen razón al sentirse estafados”, asevera el premio Nobel de Economía y director del Instituto Brooks para la Pobreza Mundial, de la Universidad de Manchester.

Y, frente a esta terrible pandemia, las consecuencias de estos 40 años de estafa económica mundial son devastadoras: hace sólo una semana el ex ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis, actualmente profesor de Teoría Económica en la Universidad de Texas en Austin, avisaba: Europa no está preparada para la recesión COVID-19“:

“Los ministros de finanzas de países con problemas económicos más profundos que los de Alemania (por ejemplo, Italia y Grecia) intentarán sin duda impulsar la necesaria expansión fiscal. Pero chocarán contra el muro de oposición del ministro de Finanzas alemán y sus fieles partidarios dentro del Eurogrupo (…) que tampoco logrará montar una defensa fiscal eficaz contra el shock inducido por la pandemia” y

“cualquier ministro de finanzas de un país en dificultades que se atreva a oponerse a la línea de Berlín, o a proponer soluciones que beneficien a la mayoría de los europeos en lugar de beneficiar al sector financiero, se las verá muy negras”.

“Tenemos el deber de informar a los ciudadanos sobre cómo, incluso en nuestras democracias liberales, son funcionarios que detestan la democracia, mientras fingen defenderla, los que toman cotidianamente las decisiones en nombre de dichos ciudadanos, pero en contra de sus intereses y sin su conocimiento“.

“Si fracasamos, las decisiones de la UE sobre política fiscal, inversión ecológica, salud, educación y política migratoria serán, especialmente durante esta pandemia, tan ineficaces como las que magnificaron la crisis del euro hace diez años. En ese caso, sólo se beneficiarán los Trump o Putin, y los propios Orbáns, Salvinis y Le Pens de Europa, quienes quieren desintegrar nuestras instituciones comunes desde dentro”.

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